El 27 de noviembre es la fiesta de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Es la intermediaria para lograr que se cumpla los favores sobre todo los grandes e imposibles.

27 de noviembre: Virgen de la Medalla Milagrosa

El 27 de noviembre es la fiesta de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Es la intermediaria para lograr que se cumpla los favores sobre todo los grandes e imposibles.

Son muchos los santos que han acudido a su intercesión consiguiendo abundantes gracias a través de la Milagrosa.

Uno de ellos fue San Maximilano. Tenía una gran confianza en su ayuda y obtuvo muchos frutos gracias a su mediación. Lo cuenta él mismo en 1922: «De todo corazón expreso mi agradecimiento a la Santísima Virgen María por la conversión, del todo inesperada, del señor N. Éste, muy culto, pero débil en la fe, afirmaba que necesitaba argumentos más claros para creer, y se confesaba hereje. Un miembro de la Milicia de la Inmaculada [seguro que el mismo p. Kolbe] le prestó un buen libro, que no le interesó mucho; le ofreció entonces una «Medalla Milagrosa». El mismo día esa persona, de manera realmente inesperada, hizo una sincera confesión que terminó con un llanto. ¡Gloria a la Inmaculada!».

Significado y elementos de la Medalla Milagrosa

La Medalla Milagrosa es en sí todo un tratado de Teología que puede desentrañarse con sencillez, ya que conocemos los elementos que la forman y su significado:

Los símbolos de la Medalla Milagrosa

Los símbolos de la Medalla Milagrosa

  1. En primer lugar, la forma de la medalla no es común. Podría ser simplemente redonda, pero es ovalada: tiene forma de escudo protector.
  2. El anverso representa a María de pie, con las manos abiertas derramando sus gracias en abundancia, como Mediadora Universal, Mediadora de intercesión y Mediadora de todas las graciasA sus pies, la serpiente antigua cuya cabeza pisa, y que nos remite a las primeras páginas de la Biblia, al llamado «Proto Evangelio»: Dios prometió que la Mujer pisaría la cabeza del demonio mientras éste intentaría morderle el calcañal. Puso enemistad entre Su linaje y su linaje.
  3. Rodea a la Virgen las palabras de una invocación reveladora en muchos sentidos: «¡Oh, María, sin pecado concebida…!». Estamos en 1830, y no será hasta 1854 cuando Pío IX proclame el Dogma de la Inmaculada Concepción, y la Virgen misma lo confirme en Lourdes ante Bernardita Soubirou. Dios, por los méritos anticipados de Nuestro Señor Jesucristo evitó a María el pecado original en el momento de ser concebida, para ahorrar así el más leve contacto de Jesús con el demonio incluso en el vientre de su Madre.
  4. El reverso de la Medalla muestra una gran «M» de María coronada por la cruz. María es quien nos trae a Jesús. Por su humilde «fiat», el hijo de Dios pudo nacer y ser elevado sobre la tierra, y con ello atraer a todos hacia Sí.
  5. Que el Redentor y su Madre están unidos en la obra común de nuestra salvación se advierte también en los dos corazones doloridos a los pies de la gran «M». El de María, atravesado por una espada como le profetizó Simeón cuando presentó a Su Hijo en el Templo, nos muestra su calidad de Corredentora: cuando atravesaron el costado de Cristo en la Cruz, fue María quien sangró.
  6. En fin, la última revelación mariana de las Sagradas Escrituras queda consignada también en la Medalla: las doce estrellas con que San Juan observa coronada a la Mujer vestida de sol y con la luna bajo sus pies. La Medalla recorre toda la Biblia, toda la Historia, y en medio de ella, estamos nosotros, linaje de María.
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Historia de las apariciones a sor Catalina Labouré de la Medalla Milagrosa

Para detalles, nadie como la propia Sor Catalina, quién las describe así:

“Serían no más que las once y media de la noche. cuando oí que me llamaban: «Hermana. Hermana, Hermana”. Desperté; miré del lado por donde la voz venía. Corrí la cortina; y vi a un niño, como de cinco años que vestía de blanco; y así me dijo: Ven a la capilla, que allí te espera la Virgen.

Tranquilizada por él, dime prisa en vestirme; y le seguí… No pequeña fue mi sorpresa, viéndolo todo iluminado; mas esta mi sorpresa creció de punto ante la claridad de la capilla.

Recordábame ésta la misa de Navidad. Sin embargo, por ningún lado se echaba de ver la presencia de la Virgen.

Arrodillada, hacíaseme largo el tiempo de espera. Acrecíalo el temor de verme descubierta. Llegó la hora. Y el niño me previno con estas palabras: Mira, ahí tienes a la Virgen Santísima. Noté como un roce de sedas que se dirigía al lado del Evangelio, a un sillón que allí había.

Era la Virgen, quien se me ofrecía sentada. Creo imposible describir cuanto veía y ocurría en mi: algo así como un temor de verme engañada; y de que aquella a quien yo veía, no fuera la Santísima Virgen. Mas, el ángel de mi guarda -que no era otro que el niño- me increpó un tanto severo y sin más dudar, me arrodillé junta a Ella y puse mis manos en su regazo.

Y allí, mano a mano, como de Madre a hija, quiero, hija mía, me dijo, nombrarte por mi embajadora. Sufrirás no poco; más vencerás, pensando ser todo para la gloria de Dios. Con sencillez y confianza di cuanto entiendas y veas.

Prudente la Hermana, pidió prendas de cuanto había visto y oído. Prenda que la Señora le dio cumplidas. Profetizó la Hermana. Presto y cuando menos se esperaba, tuvieron sus profecías cabal cumplimiento.

En estas se hallaba el asunto, que acreditaba la misión de Sor Catalina Labouré, cuando la Virgen María tuvo por bien dejarse ver otra vez en la tarde del 27 de noviembre del mismo año.

Demos la palabra a Sor Catalina: Vi a la Virgen Santísima en todo el esplendor de su belleza. Indecible al labio humano. . . . Bañada de luz su figura. Asentaba los pies sobre una media esfera… En sus manos, a la altura del pecho, otra esfera más pequeña.

Alzados los ojos al Cielo, noté cómo sus dedos tenían anillos, de los cuales brotaban pequeños haces de luz…. Viendo lo cual, oí una voz que así me dijo: «Figura el globo al mundo entero y a todos y cada uno de los mortales.» «Son los rayos símbolo de cuántas gracias concedere a quienes me las piden.

Gozaba la Hermana con lo ya visto, cuando al punto – prosigue la misma- hízose en torno de la Virgen Santísima a modo de óvalo con estas palabras, en caracteres de oro: «¡Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!

Volvióse la visión y notó la Hermana una letra M y sobre ésta una Cruz descansando en una barra. Debajo de lo anterior, el Corazón de Jesús coronado de espinas y el de María atravesado con una espada, Y todo ello, circundado con doce estrellas. Se dejó oír al mismo tiempo una voz, que así decía:

Acuñad una medalla según el modelo. Cuantos la lleven consigo, recibirán gracias sin cuento… Llevadla con entera confianza.

Oración a la Virgen Milagrosa para grandes favores

Vuestra Medalla ¡oh María! es prenda de protección. La Medalla prodigiosa a vos purísima Virgen debe el principio y origen en una visión dichosa.

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Todos por eso a porfía desean su adquisición. Vuestra Medalla ¡oh María! es prenda de protección, los brillantes resplandores que vuestras manos despiden son las gracias que reciben de Vos los hombres viadores.

¿Quién es el que no confía viendo tal demostración? Vuestra Medalla ¡oh María! es prenda de protección. ¿Quién podrá cantar Señora los prodigios que habéis hecho con el que llevara al pecho la Medalla y os implora?. Llevémosla noche y día con tierna veneración.

Vuestra Medalla ¡oh María! es prenda de protección. El rayo, la tempestad, el contagio inevitable, de esta medalla admirable huyen con celeridad. La virtud que los desvía es la de Vuestra intercesión.

Vuestra Medalla ¡oh María! es prenda de protección. Los enfermos desahuciados buscan con solicitud en la Medalla salud, y no quedan defraudados; Sanos, llenos de alegría dicen con devoción: Vuestra Medalla ¡oh María! es prenda de protección.

Los hombres más obstinados en la impiedad y en el vicio del eterno precipicio con ella han sido librados pues por vos Dulce María lograron su conversión. Vuestra Medalla ¡oh María! es prenda de protección.

Madre en gracia concebida, rogad Señora por nos que recurrimos a Vos en tan miserable vida; Muéstrate clemente y pía ahora y en toda ocasión. (Hacer la petición).

Vuestra Medalla ¡oh María! es prenda de protección.