Aquel jueves 29 de mayo salió a la calle el N.° 220 de Eléctrum, el semanario del sindicato de Luz y Fuerza. Bajo un enorme título que rezaba “Cumplir todos el PARO GENERAL”

29 de Mayo: a 51 años del “Cordobazo”

Aquel 29 de mayo salió a la calle el N.° 220 de Eléctrum, el semanario del sindicato de Luz y Fuerza. Bajo un enorme título que rezaba “Cumplir todos el PARO GENERAL”, se leía.

En las horas siguientes la ciudad se poblaría de barricadas. El carácter extraordinario de la jornada quedaría a la vista. El Mayo cordobés retumbó a escala internacional. La historia argentina daba otro de sus giros. La lucha de clases iba al volante.

Tornillos y barricadas

Hace medio siglo la Córdoba de las campanas fue invadida por otros sonidos, también potentes. Gritos, explosiones y disparos llenaron el aire a lo largo de 48 horas.

El 29 y 30 de mayo de 1969 pasaron a la historia bajo el nombre de Cordobazo. La ciudad que había parido la Revolución Fusiladora alumbraba, década y media más tarde, otro hecho de tamaña o mayor intensidad, orientado en sentido contrario.

En el origen del Mayo Cordobés estuvo, cuando no, la disidencia. El paro nacional convocado por la CGT para el 30 de mayo inició un día antes en la provincia. Aquel jueves, desde la media mañana, la clase trabajadora paralizó masivamente sus tareas. El paro detonó la movilización. Ésta fue el prólogo a un enorme levantamiento que haría temblar al país.

El aire cordobés se respiraba distinto desde el vamos. Todas las alas de la dirigencia sindical, más allá de sus discrepancias, convocaron a aquella medida de fuerza. El paro encontraría unidos al combativo sindicato de Luz y Fuerza y a la conservadora UOM, pasando por una gama de grises que incluía a la UTA, el SMATA y la CGT toda. La acción ganaría la activa simpatía de una vasta porción de la población, ya opositora al régimen de Onganía y su política económica.

La crónica de aquellos días reparó, entre otras cosas, en las manos de los obreros. Al retirarse de las fábricas, en ellas viajaban bulones y barras de hierro. Iban hacia un enfrentamiento con las fuerzas policiales que estaba prenunciado. No sería el primero. Tampoco el último.

El reloj marcaba las 11,30 hs. cuando los trabajadores del SMATA cruzaron lanzas con las fuerzas policiales. Estas intentarían lo imposible: bloquear el avance de las columnas obreras y estudiantiles hacia el centro de la ciudad. Aquellos choques abrieron el camino al segundo momento de aquel mayo caliente. La cronología de los hechos datará el asesinato de Máximo Mena entre las 12,30 hs. y las 13 hs. El joven, obrero y estudiante, será mártir y símbolo de aquella jornada. La esquina de San Juan y Arturo M. Bas devendrá lugar icónico de la Córdoba insurrecta.

El odio contra la Policía recrudece. Las piedras surcan el aire. Los enfrentamientos se multiplican. La lucha se extiende por todo el casco céntrico, abarcando cerca de 150 manzanas. La ciudad se convierte en una sola barricada. En la represión, las fuerzas policiales agotan sus municiones. Son derrotadas. Se retiran del campo de batalla. Densas columnas de humo se elevan hacia el cielo. Aquella imagen quedará grabada en la retina de los protagonistas.

Los combates trascienden a sus protagonistas iniciales. Obreros y estudiantes funcionan como destacamento de avanzada de un pueblo que se rebela contra el Onganiato. Las clases medias aportan sus pertenencias para mantener vivas las hogueras de la rebelión.

Podría interesarte también !!!  1 de Julio: Día del Historiador Argentino

A las 17 hs. de aquel jueves 29 las tropas del Ejército ingresan a una ciudad turbulenta. Su llegada encuentra una poderosa resistencia. Cada calle y cada esquina se convierten en un obstáculo a sortear.

El movimiento estudiantil muestra su disposición al combate. Durante más de 30 horas, el Barrio Clínicas se convertirá en una fortaleza inexpugnable. Las Fuerzas Armadas apelan a sus hombres mejor entrenados para recuperar terreno. Desde el lado de los manifestantes hará su entrada en escena una minoría de francotiradores, que hostigarán desde los techos el avance militar.

Pero los combates no cesan cuando cae el barrio estudiantil. La crónica periodística y la memoria popular registrarán choques y manifestaciones hasta la noche del sábado. En el mediodía de aquel 31 de mayo se conocen las penas dictadas por los consejos de guerra. Agustín Tosco es condenado a 8 años y 3 meses de prisión. La lucha popular lo arrancará de las cárceles en un lapso infinitamente más breve.

Haciendo crujir al poder

Desde el infierno helado de Rawson, mes y medio más tarde, Agustín Tosco escribe a Susana Funes

“No sé si recuerdas que te dije que si salía siquiera una décima parte de lo preparado todo iba a salir bien. Bueno, creo que salió al revés: no fue una décima parte, fue multiplicado por diez y ha tenido resonancia mundial. Creo que el hecho se ha de registrar en la historia de la lucha del movimiento obrero”.

 

El Cordobazo fue una enorme bofetada para la dictadura de la Revolución Argentina. De inmediato, el gabinete en pleno de Juan Carlos Onganía puso a disposición su renuncia. Días después, el liberal Krieger Vasena salía eyectado de su cargo como ministro de Economía.

Aquellas jornadas constituyeron una verdadera semi-insurrección de masas. Un enorme levantamiento popular cuyos límites radicaron en la falta de objetivos claros, la debilidad del armamento y en la ausencia de una dirección que, conscientemente, se propusiera el triunfo.

Constituyó un hecho profundamente revolucionario, que inauguró una etapa caracterizada por el protagonismo activo de la clase obrera, la juventud y el pueblo pobre. El Cordobazo conformó lo que el marxismo define como una acción histórica independiente de masas, con la irrupción violenta de los explotados, chocando abiertamente con los límites impuestos por la legalidad del Estado burgués.

El Mayo Cordobés, por la magnitud de los hechos, no pudo sustraerse a la guerra de interpretaciones. Sus lecturas y re-lecturas orientan y explican mucho más que aquellas 48 horas. Analicemos (polemicemos con) algunas de ellas.

El mito del “Cordobazo organizado”

Por décadas, un bombardeo sistemático ha caído sobre aquello presentado como el carácter espontáneo del Cordobazo. No resulta casual que así sea. Se trataba y se trata de reinterpretar la historia, echando una luz más favorable sobre la dirigencia sindical, esencialmente aquella que comulgaba en filas peronistas.

Esta versión de los hechos supone el protagonismo activo de los dirigentes que “organizaron” aquellas jornadas. Bajo ese prisma, Lucio Garzón Maceda −histórico abogado del sindicalismo cordobés− rememoraba:

“Siempre en toda contienda hay algo espontáneo, siempre está la creación individual. Pero debo decirle que hasta las dos de la tarde, todo se desarrollaba como estaba previsto. El paro activo, el encolumnamiento masivo y su distribución geográfica, los actos de distracción policial, el combate callejero (…) Lo único que no fue previsto fue la derrota de la policía; nunca esperamos que la policía se replegara y retirase por falta de gases y por temor. Son imponderables que juegan para uno u otro contendiente”.

Ni puro espontaneísmo ni organización absoluta. El asesinato de Máximo Mena desata la ira popular. Las acciones planificadas por la dirigencia sindical quedan archivadas. La masa en movimiento desborda a todos sus jefes y combate hasta derrotar a las fuerzas policiales. Los “imponderables” constituyen el corazón del hecho insurreccional que fue el Cordobazo.

Podría interesarte también !!!  5 de Julio: fallece Luis Sandrini

James Brennan pondrá al desnudo el (lamentable) papel de muchos líderes sindicales en aquellas horas. El mito del “Cordobazo organizado” se derrumba sobre la cabeza de algunos de sus “organizadores”

La imagen es elocuente, nítida hasta el extremo. Aquel abismo entre dirigentes abatidos y trabajadores enardecidos ilustra, como pocas cosas, la dinámica del Cordobazo. Ayuda, al mismo tiempo, a explorar otro punto interesante para el debate histórico.

En la provincia que le dio su nombre, la memoria del levantamiento ha sido utilizada en exceso por las conducciones sindicales burocráticas. El tono conmemorativo busca identificar a las direcciones actuales con los fuegos heroicos de aquellas jornadas. Una operación que, por más que se sostenga sobre pilares débiles, no deja de ser ejercitada una y otra vez.

Sin embargo, en términos políticos e ideológicos, el Cordobazo nunca alcanzó el estatus del 17 de octubre en la mitología peronista. En eso le asiste la razón al investigador norteamericano.

La “ironía” pone al desnudo la contradicción manifiesta entre los momentos iniciales del Cordobazo y la radicalización de las horas posteriores. El asesinato de Máximo Mena detona un nuevo momento al interior de aquellas jornadas. El protagonismo de los sindicatos se convierte casi en un recuerdo. El elemento espontáneo supera los límites que le impone la dirigencia gremial.

El Cordobazo demostró una fuerza social inmensamente superior a la que la clase trabajadora y el movimiento estudiantil habían expresado en los años precedentes. Punto de convergencia de tendencias previas, concentró además la multiplicidad de contradicciones que asolaban el momento político nacional.

Aquel hecho inauguró, efectivamente, un nuevo tipo de protesta obrera que develaba la contradicción entre la potencia social (y política) de la clase trabajadora y los estrechos límites que imponía la regimentación peronista en los sindicatos.

Las jornadas de mayo de 1969, al abrir un ciclo revolucionario, empujaron al despliegue y desarrollo de esa contradicción. Las profundas tendencias antiburocráticas que empezaron a recorrer al movimiento obrero tuvieron matriz de origen en aquel levantamiento. También en este sentido, el Cordobazo operó como punto de quiebre.

La exclusión de la mitología peronista se explica a partir de ese nudo. Aquella rebelión popular constituye una suerte de hecho maldito para un sistema de pensamiento que proclama, a viva voz, que “los sindicatos son de Perón”.

 

La Izquierda Diario