EL COMBATE CALLEJERO EN EL CONGRESO

Horacio Verbitsky es, a mi entender, todavía y por varios cuerpos, el mejor periodista argentino. Ante él, los demás somos Salieris. Entiendo que haya quienes por razones ideológicas prefieran a Carlos Pagni (que a tono con los tiempos que corren no duda en mezclar información con negocios privados) o quienes presten la máxima atención a los análisis de Jorge Asís (como lo hago yo, decodificánolos y expurgándolos de inevitables chivos por parte de quien no está dispuesto a volver a una relativa pobreza), pero en esta ocasión, me parece, a HV se le escapó la tortuga. Porque escribe que “si veinte o cincuenta delirantes o provocadores (y hubo de ambos) ponen en riesgo la institucionalidad, estamos en problemas, Houston”, minimizando lo que vimos, sorprendidos, quienes estuvimos en la Plaza del Congreso creyendo que Rodríguez Larreta se desmarcaría de la renegada Bullrich y que la protesta contra el canallesco arrebato a los haberes de los jubilados transcurriría en paz.

Como todos sabemos no fue así. Hubo grupos que fueron a la plaza pertrechados con bulones, bolitas de rulemanes y mascaras antigás, y otros con mazas con las cuales rompieron baldosas y veredas para hacerse con proyectiles. Los que yo vi llevaban pecheras de ATE, del SAT-SAID y de la JCR lo que al menos en los dos primeros casos parece indicar com claridad que debió tratarse de infiltrados. También me parece claro que la Policía de la Ciudad fue entregada, adrede, al sacrificio. Porque luego de las tropelías de los de gendarmes sacados, a los que Patricia Bullrich les soltó la cadena, a el Gobierno le era necesario victimizar a “las fuerzas de la orden”, Pero lo más sorprendente, con todo, no fue la claudicación de HRL ante el tándem Macri-Patricia Bullrich, sino la emergencia, ante la convocatoria de los consabidos provocadores-infiltrados por las huestes que responden a la ministra renegada, tránsfuga y comversa, con su conocimiento o sin él- de varios centenares de apedreadores, muchos de los cuales hicieron gala de una temeridad casi suicida, al enfrentar las balas de goma a muy corta distancia y a torso desnudo. Varones jóvenes que, está a la vista, consideran que no tienen nada que perder y están dispuestos a irse de este mundo cruel llevándose consigo a quienes identifican como “la gorra” o “la ley” (vean aqui). Juan Grabois vio lo mismo yo y lo advirtió.

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También lo vieron los mejores sindicalistas, que han concluido que ya no se puede concurrir a manifestaciones sin garantizar un servicio de seguridad propio, inmune a infiltrados y a descerebrados que, rodeados de mujeres y niños, arrojan piedras a los policías.

Los dejo con Verbitsky. cuya nota, más allá de este comentario, no tiene desperdicio, incluyendo los audios

Está aquí: https://www.elcohetealaluna.com/licencia-para-matar/

Solo un comentario más, menor pero creo que sabroso: Verbitsky considera que el plural de “mapuche” es “mapuche” y no “machupes” porque así lo consideran en su idioma los mapuches. Yo no lo hago, de la misma manera en que no estoy dispuesto a transigir en reemplazar a los honestos y sencillos “ver” y “recibir” por “visualizar” y “receptar”. Que los mapuches hagan lo que mejor le parezca en mapudungun. Pero el castellano debe conservar una lógica interior propia.