El Gobierno confia en una nueva baja entre todos los que cuentan, con ansiedad, los días que faltan para el inicio de Semana Santa, figura el presidente Mauricio Macri. 

Se viene el dato de pobreza y el Gobierno confía en una nueva baja para contestar las críticas al “modelo”

El Gobierno confia en una nueva baja entre todos los que cuentan, con ansiedad, los días que faltan para el inicio de Semana Santa, figura el presidente Mauricio Macri

El Indec difundirá en los próximos días el dato correspondiente al segundo semestre de 2017, que coincide con el momento de reactivación económica. Sobre fin de año aparecieron los “brotes verdes” y se crearon 685.000 empleos. Para el macrismo, un dato debajo de 28,6% significará un alivio político.

A partir de esa fecha, tendrá una tregua tanto a nivel político como en el mercado financiero, con la que espera recuperar oxígeno tras una etapa de malas noticias y de caída en su imagen.

Para empezar, naturalmente, podrá beneficiarse con una mejora del humor social por el esperado boom turístico del fin de semana extralargo de cinco días, que llevó a un agotamiento de las reservas hoteleras y de venta de pasajes hacia los principales destinos turísticos.

Como buen dato adicional, este año mostrará una recuperación de los centros de turismo nacionales, al tiempo que decae algo la fiebre del turismo por compras.

 La reciente devaluación que llevó el dólar de $17 a $20,50, sumado a la baja de aranceles para productos de electrónica hicieron que el fenómeno del “deme dos” en Chile y Paraguay ya no tenga el protagonismo de los últimos dos años.

El otro motivo de alivio vendrá de parte del mercado financiero. Luego de tres semanas de “pulseada” por el precio del dólar -que le costaron al Banco Central el desembolso de más de u$s1.500 millones de las reservas- se entrará en un período de semi-actividad en bancos, bolsa y mercado cambiario, que funcionarán en “modo vacaciones”.

Cuando los operadores regresen “a full” ya será abril, y la expectativa del Gobierno es que, para ese entonces, ya se habrá comenzado a sentir la oferta de los dólares provenientes de la exportación sojera, que tiene en ese mes su momento estacional de ingreso fuerte.

A la espera del dato salvador

Pero, por encima de todo, si hay algo por lo que el Gobierno quiere que llegue la Semana Santa es porque el miércoles, último día hábil antes del gran éxodo turístico, está previsto que el Indec difunda el dato estadístico más acariciado por el macrismo: el informe de pobreza e indigencia.

Es el indicador más relevante a nivel político y, además, es el que remite a la principal promesa que hizo el Presidente el día de su asunción: que toda su gestión estaría enfocada a lograr el objetivo de la “pobreza cero”.

Los funcionarios prevén que el dato no sólo será positivo porque marcará un descenso de esta variable, sino que además servirá para desactivar temporalmente los dardos que está disparando la oposición. Sobre todo por los últimos datos que apuntan a un estancamiento en el consumo masivo.

La nueva cifra de pobreza corresponde a la medición del segundo semestre de 2017 que fue el mejor, económicamente hablando, del período macrista.

En el contexto de los “brotes verdes” que aparecieron en el sector privado -con especial empuje de la construcción y la obra pública-, el PBI creció durante el tercer trimestre un 3,8% y en el último cuarto del año, un 3,9%.

Este repunte se vio reflejado en la mayor creación de puestos de trabajo, como lo atestigua el último dato del Indec sobre la tasa de desempleo: una caída a 7,2% de la población económicamente activa, lo que la ubica entre las mediciones más bajas de la última década.

El mercado de trabajo, en el último trimestre del 2017, tuvo un incremento de 433.000 empleos dentro del área relevada por el Indec.

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Proyectado a toda la población, esto implica que en un año se crearon 685.000 nuevos trabajos, según la estimación de Fundación Mediterránea.

Además, las mejoras más notorias ocurrieron en las provincias del norte, donde existen los índices de pobreza más altos.

Pero tal vez el dato al que más le están prestando atención en la Casa Rosada es al hecho de que el empleo informal se recuperó aun con más fuerza que el “blanco”.

Se espera que este dato impulse la mejora en los indicadores sociales, dado que los estratos más vulnerables de la población suelen obtener su ingreso de la economía informal.

Con todos esos antecedentes, en el Gobierno confían en que el nuevo índice de pobreza que el Indec dará a conocer el 28 de marzo acentúe la tendencia a la caída. Entre los funcionarios circula una estimación extraoficial que lo ubica levemente debajo del 26%.

El ciclo había empezado con un 32,2% correspondiente al inicio de 2016. Luego, bajó a 30,3% en el segundo semestre de ese año y la última medición difundida fue septiembre pasado, que arrojó un nivel del 28,6% para la primera mitad de 2017.

Indec

En la última medición, el Indec había registrado que este flagelo alcanzaba a1,087 millón de hogares, lo que implica 7,8 millones de personas. Cuando se hace la proyección al total de la población -y no sólo a las zonas censadas-, el resultado es que en el país había, hasta junio del año pasado, unos 11,3 millones de pobres -de los cuales 2,4 millones eran indigentes-.

En definitiva, el registro marcaba una mejora, dado que el número de personas en esa situación se reducía en 439.000 para los 31 aglomerados urbanos relevados.

De todas formas, hubo un dato negativo: la suba de una décima en el registro de indigencia –es decir, la porción de población que no gana lo suficiente para comprar una canasta alimentaria de subsistencia, que aumentó a 6,2%, como consecuencia del empeoramiento de la situación en el conurbano bonaerense, donde el indicador trepó del 6,4% al 7,1%.

 

El mejor “timing” para un indicador

El “timing” de una mejora en la medición de la pobreza no podría ser mejor desde el punto de vista macrista. Llega justo cuando la inflación está en su peor momento, tras el registro del 2,4% de febrero -y el anticipo de un marzo complicado-.

Es, también, un dato “refrescante” ante el malhumor social que provoca la nueva tanda de ajustes en las tarifas de servicios públicos, cuando la mayoría de los asalariados todavía no sintió en sus bolsillos la mejora de sus ingresos mensuales.

Y también, junto con el dato de la caída del desempleo, será un argumento para contestar las críticas por el déficit récord de u$s8.400 millones en la balanza comercial, algo que siempre renueva las clásicas críticas en el sentido de que el Gobierno no prioriza la producción de la industria local y promueve una apertura comercial, que genera desempleo.

Para completar, el dato de una mejora en la pobreza puede hacer de contrapeso en un momento complicado del consumo.

El resultado negativo de 3,1% en las ventas de supermercados medido en enero pasado confirmó lo que se venía advirtiendo en sondeos de opinión pública. Por caso, una encuesta de Ipsos marcaba que siete de cada 10 familias habían recortado su presupuesto de compra de artículos de canasta básica, ropa y electrodomésticos.

Como marcan los expertos en consumo, no necesariamente estos datos confirman un aumento de la pobreza, sino más bien de cambios de prioridades en el gasto familiar.

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Después de que los servicios públicos cayeron a un mínimo de 5% del gasto del hogar -según una estimación del economista Ricardo López Murphy-, era de esperar un reacomodamiento que impactó en algunos rubros que antes lideraban las ventas.

Pero una mejora en los indicadores sociales no solamente le servirán al macrismo para contestar a quienes le hacen “críticas por izquierda”. Acaso más relevante en este momento en el que se replantea el viejo dilema entre shock y gradualismo, es la respuesta a los que reclaman mayor decisión para hacer un drástico corte del gasto público.

El discurso macrista siempre puso foco en que el límite de las reformas estructurales es que no agraven la situación social. Y, en este contexto, cualquier mejora en la medición de pobreza e indigencia funcionará como respuesta perfecta a quienes, desde la ortodoxia liberal, advierten sobre el agotamiento del modelo económico.

De hecho, los funcionarios lograron que hasta la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, repitiera el argumento del gradualismo como único camino políticamente sostenible.

 

Renovando la promesa inicial

Lo cierto es que, para Macri, un nuevo dato de reducción en la medición de pobreza puede ser un bálsamo que le ayude a recuperar posiciones, tras la abrupta caída de su imagen ocurrida a fin de año, en medio de la controversia por el nuevo cálculo de reajuste jubilatorio.

Para el Presidente, la baja del índice es el pilar de toda su argumentación política.

Cuando a finales de 2016, se realizó la primera medición del “nuevo Indec” -después de que el organismo descontinuara su medición, y en medio de la polémica sobre si medir este flagelo era una medida “estigmatizante”-, Macri dejó en claro la prioridad que asignaba a ese indicador.

“Esta es la realidad sobre la cual, insisto, yo quiero y acepto ser evaluado, por si pudimos o no reducir la pobreza. Todo lo demás son excusas. Este es el punto de partida“, decía Macri en septiembre de 2016.

En aquella ocasión, no habían faltado las “chicanas” en ninguna de las dos direcciones. Macri había recordado al siempre controversial Aníbal Fernández al afirmar: “Hoy el Indec puso la verdad sobre la mesa y dijo qué es lo que pasa en la Argentina. No más mentiras, ni tener que sufrir la falta de respeto de que nos digan que en la Argentina hay menos pobres que en Alemania”.

Claro que esa declaración no estuvo exenta de polémica. Macri tomaba la primera medición del Indec -correspondiente al segundo trimestre de 2016como punto de partida-, mientras el kirchnerismo alegaba que la comparación relevante debería ser contra diciembre de 2015.

La oposición acusó en ese momento al kirchnerismo de haber agravado los niveles de indigencia con sus medidas iniciales de devaluación y subas de tarifas y que la mejora registrada en 2016 era apenas un alivio tras el agravamiento inicial, que de todas formas no llegaba a igualar el promedio de pobreza existente durante el gobierno de Cristina.

Una polémica sin fin y sin acuerdo posible, naturalmente, porque no hay estadísticas oficiales contra las cuales comparar. Sí hay datos de la Universidad Católica correspondientes a la etapa kirchnerista, pero hasta los propios funcionarios K en su momento cuestionaron su metodología de investigación y la validez de sus resultados.

Ahora, ya en su cuarta medición desde la asunción de las nuevas autoridades del Indec, las discusiones metodológicas empiezan a diluirse. Lo que queda en evidencia es si la evolución de los indicadores sociales va en línea con las promesas de Gobierno, aun a pesar de las complicaciones y las dudas surgidas en torno al plan económico.

IProfesional