El presidente electo Alberto Fernández anunció que no pedirá al FMI el desembolso de los cerca de US$ 11.000 millones restantes del acuerdo stand-by firmado por el actual oficialismo en 2018.

La futura pulseada de Alberto Fernández con el FMI

El presidente electo Alberto Fernández anunció que no pedirá al FMI el desembolso de los cerca de US$ 11.000 millones restantes del acuerdo stand-by firmado por el actual oficialismo en 2018.

Esa decisión muestra, por un lado, un análisis realista de parte del futuro mandatario acerca de las chances de revivir el acuerdo. Sin el apoyo de la administración de Donald Trump, Argentina quedará librada al staff del FMI que muy probablemente sea más exigente en materia de condicionalidades que lo que lo ha sido con el Gobierno de Cambiemos.

Por el momento, sin acuerdos con el FMI

Fernández tal vez sea consciente de que es baja la probabilidad de acordar rápidamente con el FMI y entonces quiere evitar el calvario que sufrió Eduardo Duhalde en 2002, que penó durante un año para obtener solo una mera refinanciación de parte del organismo.

Por otro lado, al renunciar al desembolso de los tramos restantes del paquete de asistencia financiera, Fernández prepara el terreno para la renegociación de la deuda. El próximo Gobierno asumirá con un BCRA con reservas netas de alrededor de US$ 13.000 millones, suficientes para afrontar las obligaciones de deuda hasta fines del primer trimestre del año que viene.

El primer trimestre del 2020

Sin el refuerzo del FMI, Fernández juega su suerte a una renegociación rápida. De no mediar un prestamista de última instancia alternativo, la renegociación de la deuda deberá completarse a fines del primer trimestre de 2020.

De lo contrario, Argentina entrará en default. La decisión de dejar a un lado al FMI, al que solo habrá que comenzar a pagarle a fines de 2021, endurece la postura negociadora de Fernández con los tenedores de deuda soberana sepultando definitivamente la idea de un “canje a la uruguaya”.

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Las chances del acuerdo de Argentina con el FMI

La postura de Fernández es consistente con lo que treinta años atrás escribió Robert Putnam en un célebre artículo titulado “Diplomacia y la lógica del juego de dos niveles”. Allí, Putnam planteaba que cualquier negociación internacional puede ser analizada como un juego de dos niveles. En un tablero negocian los jefes de Estado, mientras que en el otro tablero cada jefe de Estado negocia con su propia sociedad civil.

Las chances de un acuerdo internacional exitoso radica en que lo que los jefes de Estado acuerdan a nivel internacional goce de consenso a nivel local. Las implicancias de este enfoque van más allá de las perspectivas de éxito de una negociación.

El tablero interno de cada jefe de Gobierno tiene impacto sobre la distribución de ganancias y pérdidas de la negociación internacional. A primera vista es contraintuitivo, pero un jefe de Gobierno internamente débil tiene chances de negociar con mayor dureza en el plano internacional dado que no cuenta con el consenso interno suficiente como para lograr ratificar un arreglo desfavorable.

A ello debe agregarse que los negociadores cuentan con información incompleta o imprecisa sobre el tablero doméstico de sus contrapartes. En la negociación internacional conviene, por ende, exagerar la debilidad interna, no al extremo de sembrar dudas sobre la credibilidad del negociador –lo cual tumbaría la negociación–, pero sí al punto de usar tal debilidad como pretexto para realizar la menor cantidad de concesiones posibles.