La UIA aceptó la rendición incondicional

La Unión Industrial Argentina – UIA – venía de fracaso en fracaso. Desde el desaire al Presidente Macri con la firma del acuerdo anti despidos hasta la falta de lluvia de inversiones en los primeros, y difíciles, meses del arranque de la gestión de la Alianza Cambiemos.

Ni hablar de las mesas de diálogo tripartido con el Gobierno y la CGT que terminaron en un papelón tras otro.

Con Miguel Acevedo, hombre de la poderosa aceitera AGD, como Presidente de la nueva conducción de los industriales se empezó a gestar la operación clamor para volver a la mesa de diálogo, lobby, permanente entre los industriales y los CEOS con sede en los diferentes Ministerios del Gobierno Nacional.

Acevedo fué sutil, levantó la bandera pyme, convocó a sus filiales bonaerenses de UIPBA y ADIBA, luego fue a Santa Fe a reunirse con FISFE y a Córdoba con la UIC. Era cantado que volvería con un rosario de reclamos y con decenas de medios expresando en letra de moldes lo que los industriales pymes sufren en carne propia: apertura irrestricta de las importaciones, tarifazos por doquier, descontrol del sistema impositivo, créditos usurarios, caída del mercado interno, volatilidad y retraso del tipo de cambio.

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La jugada estaba planificada, armar un “ejército de terracota pyme” le permitiría a Acevedo fortalecer el canal de diálogo entre el sector y el Gobierno en un año donde la actividad industrial promedio el 60% de su capacidad y que perdió 19.300 puestos de trabajo. Prometer el control de la tropa propia siempre fue algo que a la UIA le dió buenos frutos de negociación pero esta vez salió mal.

El uso de los medios por parte del Vasco

En paralelo a esta patriada “Acevedista” el Vasco De Mendiguren disparó con todo lo que tenía por los medios. Sabiendo que su voz impacta en la opinión pública recorrió radios y programas de televisión de izquierda a derecha, ida y vuelta, de arriba abajo apuntando a un solo blanco, al Gobierno Nacional. Detrás de él la ENAC y APYME reforzaron. El “desencapsulado” fue la gota que rebalsó el vaso.

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Cabrera, con el aval de Macri, redobló la apuesta una y otra vez en los medios. Envalentonado por los focus groups, obviamente no por los pésimos resultados de su gestión, olfateo un oponente débil como Acevedo y castigó duramente a los industriales al punto de tildarlos de “llorones” expresión que quedará para la posteridad.

El punto de mayor intensidad fue el “castigo” en público que recibió José Urtubey en“Animales Sueltos”. En esa ocasión Cabrera lo “atendió” por el Whatsapp del periodista Maximiliano Montenegro que oficiaba de vocero “al aire” del Ministro.

En 10 días el castillo de naipes que le llevó meses construir a Acevedo se derrumbó, levantó bandera blanca y pactó una tregua con los CEOS.

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