Los migrantes que han llegado hasta aquí han logrado dejar atrás el Río Grande, la frontera y, un poco de la inseguridad en la que viven.

Migrantes Haitianos en la frontera de Rio Grande

Los migrantes que han llegado hasta aquí han logrado dejar atrás el Río Grande, la frontera y, un poco de la inseguridad en la que viven. Los migrantes hacen cola esperando un autobús bajo un calor despiadado. La esperanza de los migrantes en la ciudad texana de Del Río, Estados Unidos, es un edificio amarillo pálido junto a un polvoriento campo de fútbol.

Con más de 40 grados a la sombra, aquí al menos hay agua y frutas, y los voluntarios de la Coalición Humanitaria de la Frontera para ayudarlos. Nada de campamentos improvisados y condiciones inhumanas como bajo el puente de la ciudad que cruza el Río Grande y conecta a México con Estados Unidos.

La trayectoria de los migrantes haitianos

Charly es uno de los más de cien refugiados que hay aquí, casi todos de Haití. El joven de 32 años cruzó doce países a pie, en dos meses. Dejó Haití hace años, y estuvo en Chile durante algunos años.

Pero la pandemia empeoró la situación económica en ese país. Y la discriminación también aumentó. No concibe volver a Haití, uno de los países más pobres del hemisferio occidental, en donde el caos aumentó tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio y, como si fuera poco, en agosto, un terremoto causó más destrucción.

Ahora, con su gorra de béisbol azul y su colorida camisa floreada, por fin está en Estados Unidos. Como tiene familia en Orlando, espera no ser deportado.

En lo mismo confía Edlin. Esta joven de 27 años se sienta para dar de comer a su hija de un año. “Espero tener trabajo y una vida mejor”, dice. Ella también huyó inicialmente a Chile en 2018 y carga papeles que señalan el camino hacia su familia, que está en Estados Unidos.

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Entre los migrantes corre el falso rumor de que nadie que tenga familia en EE. UU. puede ser deportado. Con Biden en la Casa Blanca, creían que que todo iba a mejorar. Biden prometió una política de inmigración más humanitaria que la de Donald Trump y detuvo la construcción del muro, pero no su derribo.

“¡No vengan!” el mensaje de la Casa Blanca

A pocos kilómetros al sur del edificio amarillo, la esperanza en Del Río termina en una valla de acero negro. Los soldados de la Guardia Nacional atraviesan la carretera en vehículos todoterreno. Washington ha enviado a Texas a cientos de funcionarios.

Su Secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, ha venido a repetir el mensaje del gobierno: “¡No vengan!”. Y los que han llegado a Del Río están siendo devueltos sistemáticamente.

Desde el domingo, los haitianos están siendo deportados a su país en aviones, y otros miles están siendo trasladados a otros lugares de EE. UU. para tomar una decisión sobre su estatus desde allí. Sin embargo, la gran mayoría de ellos, dice Mayorkas, van a ser devueltos a sus países de origen. Pero, a pesar de que el puente está sellado, los migrantes sigue intentándolo: hay videos muestran a funcionarios fronterizos a caballo, gritando a los migrantes en el Río Grande para que den la vuelta y dándoles latigazos.

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Son escenas que parecen horrorizar a la Casa Blanca, pero que ya todo el mundo ha registrado. A Frank López no le sorprende nada de esto.

Ni el caos ni la multitud de personas migrantes en su pueblo. “Los únicos que se sorprenden son los políticos”, dice este exguardia de frontera de 55 años.

Para él, la ciudad de Del Río, con sus 35.000 habitantes, es una zona de guerra. Y desde su punto de vista, Biden es el responsable de ello.

Prometió fronteras abiertas. López parece añorar a Trump, quien, por lo menos, presionaba a México. “No somos desalmados, pero no los podemos ayudar a todos. Hay límites”, dice.

El dilema de Biden

En Estados Unidos, la inmigración ilegal ha alcanzado su nivel más alto en décadas. Más de 200.000 indocumentados fueron detenidos por la patrulla fronteriza en agosto, y más de 1,5 millones desde octubre del año pasado. Los republicanos usan esta crisis para hacer política contra Biden.

La inmigración será uno de los temas más controvertidos en las elecciones de 2022. Y Biden aún no logra salir del dilema de actuar con humanidad o hacer cumplir su propio lema de “No vengan”. Al presidente estadounidense le llueven críticas.

“Esto es completamente inhumano. Los haitianos están atravesando una crisis tras otra y merecen compasión”, tuiteó la congresista demócrata Ilhan Omar.

Para Charly y Edlin, los haitianos que han caminado desde Chile, la opción no es regresar, sino seguir.

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