En Paraguay, como en todos los países que son o han sido arrasados por las dictaduras, es macabramente común que aparezcan cementerios clandestinos o sitios de enterramiento con restos humanos, esqueletos completos o cráneos de disidentes a los que se pretendía desaparecer para siempre.

Paraguay: hallaron restos óseos en una mansión de Stroessner

En Paraguay, como en todos los países que son o han sido arrasados por las dictaduras, es macabramente común que aparezcan cementerios clandestinos o sitios de enterramiento con restos humanos, esqueletos completos o cráneos de disidentes a los que se pretendía desaparecer para siempre.

Lo que no es nada común es que el soterramiento se haya hecho en la propia casa o en los despachos de los dictadores, bajo la bañera o bajo un escritorio. Pues eso pasa en Paraguay.

El final de la dictadura en Paraguay

A fines de 1988, semanas antes del fin de la dictadura, aparecieron un cráneo y un fémur en la oficina de Mario Abdo Benítez, secretario privado del dictador y padre del actual presidente de su mismo nombre.

El pasado martes 3 se encontraron restos enterrados en el baño de la mansión de veraneo que el general Alfredo Stroessner había construido a 4 kilómetros de Ciudad del Este, en la Triple Frontera compartida con la argentina Puerto Iguazú y la brasileña Foz do Iguaçu.

El descubrimiento

Lo que la información oficial presenta como la ocupación de la mansión por parte de 300 familias (más de 1500 personas) es, en realidad, la acción de un pequeño grupo –integrantes de esas familias que han acampado en el terreno colindante, es cierto– que, munido de pico y pala entró directo a desmontar la bañera, buscando un yvyguy (plata enterrada) que algunos viejos pobladores de la zona aseguraban que existía allí.

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En un video emitido al día siguiente por el canal televisivo local Mbururu se muestran algunas partes de la vivienda –paredes exteriores y techos en buen estado, paredes internas demolidas, azulejos de mala calidad, restos de lo que debió ser la mesada de una cocina y puertas de madera, estas sí de buena confección–, todo con deterioros de visible vieja data.

El escenario no ha sido protegido, y el camarógrafo de Mbururu consiguió que un ayudante se valga de lo que parece ser la hoja de una bayoneta para revolver entre los restos, cambiarlos de lugar.

“En las fotos y en los videos que tenemos se ve que está todo mezclado, manoseado, revuelto”, dijo Rogelio Goiburú, un médico nieto e hijo de desaparecidos que hoy dirige la Dirección de Memoria Histórica del Ministerio de Justicia.

Goiburú recordó que “hace cuatro o cinco años”, personalmente, recibió la denuncia de pobladores de la zona que aseguraban que en la mansión, a la que llamaban la Casa del Terror, había desaparecidos que estaban enterrados.

“Yo mismo entré al lugar junto con algunos colaboradores, pero tras una inspección visual concluimos que no había nada de interés. Ahora, los sin techo que ingresaron al baño de la vivienda aseguran que sólo acabarán con el acampe después de una investigación a fondo y la conversión de ese vasto terreno ricamente arbolado en un parque y sitio de la memoria.

El jueves 4, Rafael Esquivel, uno de los líderes de los pobladores, subió a las redes un video de 82 minutos de duración en el que muestra el lugar y explica cuál es el proyecto que se proponen desarrollar .

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Aunque sin muchas precisiones, Goiburú dijo que en esta semana que se inicia “tenemos pensado viajar a Ciudad del Este junto con un equipo de médicos forenses”.

Los desaparecidos del Paraguay

Según relataron algunos viejos residentes del lugar, a fines de los años ’70 del siglo pasado, en tiempos de esplendor de las dictaduras del Plan Cóndor, era común que durante los fines de semana acudieran al lugar algunas figuras que, por sus características, requerían del montaje de grandes operativos de seguridad.

A la finca, expropiada por ley en 1990 pero nunca ocupada formalmente por el Estado, habrían llegado, entre otros, el argentino Jorge Rafael Videla, el brasileño João Baptista de Figueiredo y el uruguayo Gregorio Álvarez.