El tan mentado acuerdo alcanzado, con la urgencia de Macri y de Bolsonaro por poder presentarlo como "una conquista" para sus complicados frentes internos, y la pulseada en la UE entre quienes se oponía

Repercusiones sobre el acuerdo Mercosur- Unión Europea

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El tan mentado acuerdo alcanzado, con la urgencia de Macri y de Bolsonaro por poder presentarlo como “una conquista” para sus complicados frentes internos, y la pulseada en la UE entre quienes se oponían -con Francia a la cabeza- y quienes lo impulsaban -con España como baluarte-, no tiene una letra definitiva. No es el texto que irá a los respectivos congresos para buscar su ratificación -los de los cuatro miembros del Mercosur, por separado, y el Parlamento Europeo-.

No obstante este pequeño gran detalle, los medios hegemónicos nacionales e internacionales aportaron su trabajo fino hacia la “opinión pública”. El bombardeo fue incesante este sábado a través de titulares como: “Mercosur-Unión Europea, un acuerdo que abre el comercio para la Argentina”, “El Mercosur acordó con Europa un histórico tratado de libre comercio”, “Histórico acuerdo entre el Mercosur y la UE”, “El Mercosur y la UE crean una amplia zona de libre comercio”, “Mercosur y Unión Europea: histórico acuerdo comercial” o “Se firmó el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE”.

Y en las bajadas de estos titulares contextualizaban un acuerdo sin letra firme se podía leer que tras 20 años de negociaciones se anunció durante el G20 el libre comercio entre ambos bloques. El entendimiento implica un mercado de 800 millones de habitantes. O que el acuerdo llegó a contracorriente de la ola proteccionista fomentada por Donald Trump desde hace dos años.

Debemos inferir que el acuerdo modificará la dinámica interna del Mercosur, ralentizada en los últimos años por las desavenencias comerciales que afectaron la relación entre Argentina y Brasil, los socios mayores de la unión comercial sudamericana.

Sin embargo, el anuncio no derivó en una puesta en común entre el presidente Mauricio Macri y su par brasileño Jair Bolsonaro, quienes se expresaron por separado. Ambos participan de la cumbre de jefes de Estado del G20 que se realiza en Japón.

Volviendo a ese pequeño gran detalle, que los medios concentrados “olvidan” mencionar -por motivos más que obvios-, remarcamos que para que entre en vigor, la asociación estratégica deberá pasar por los parlamentos de los países miembros de los dos bloques.

Es decir que, en el caso de Argentina, para la instancia parlamentaria habrá posiblemente un nuevo gobierno de otro signo político. Lo que hará casi imposible la ratificación de una aventura electoralista por parte del Régimen macrista.

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El canciller Faurie lo celebró como “un acuerdo histórico”, con la voz entrecortada por el llanto, aunque aún faltan negociaciones que tomarán años. Los puntos de un acuerdo, entre gallos (Macri y Bolsonaro) y media noche (UE), dan solo ventajas parciales para bienes agrícolas y un alto riesgo para sectores industriales.

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Esto se dará por la apertura del mercado regional sudamericano a los productos industriales del viejo continente, a cambio del acceso cuotificado, y cumpliendo severas restricciones sanitarias, de productos agrícolas o agroindustriales sudamericanos.

De eso se trata el intercambio que habilitará, cuando quede perfeccionado, el tratado comercial que el gobierno argentino ha presentado como una conquista “histórica” y “pilar clave de la transformación productiva nacional”.

Pero, más allá del secretismo con el que se manejó toda la negociación, que todavía impide conocer en detalle lo acordado, son pocos y en sectores muy específicos los que esperan que, de esta apertura comercial, resultarán beneficios para el país. Por el contrario, son más los que aún esperan en que habrá una reacción política en contra -principalmente en el Congreso- que frene un acuerdo que pondría una lápida definitiva sobre gran parte de la industria, particularmente en sectores con mayor valor agregado y de manufacturas de media o alta tecnología.

El acuerdo no sólo implica una apertura comercial desigual de mercados para bienes industriales europeos. También representa abrir las licitaciones de compras públicas a la participación de empresas de la UE, extender plazos de protección del derecho de patentes (particularmente en agroquímicos y medicamentos) a corporaciones de ese mismo origen, otorgarle la libre circulación en mares y ríos internos del Mercosur a la flota europea, y el reconocimiento de exclusividad del uso de denominaciones de productos con indicaciones geográficas (por ejemplo, muzzarella, regganito o parmesano en la denominación de los quesos).

El acuerdo se presenta como supuestamente “balanceado” porque a las firmas argentinas se le abren similares condiciones en la Unión Europea, pero ocurre que es escasa o nula la capacidad de las firmas argentinas, en particular, que tengan patentes, flota fluvial o productos con indicación geográfica (salvo el cordero patagónico, quizás) que pueda sacar provecho de la referida apertura. El plano de la negociación parece alevosamente inclinado hacia un solo lado.

Entre los puntos del acuerdo que ha hecho trascender el Palacio San Martín se encuentran los siguientes:

– La UE eliminará los aranceles de importación para el 82% de las actuales exportaciones agrícolas del Mercosur. A otro 17% se le aplicarán cuotas. Algo más de 100 productos quedan excluidos del acuerdo.

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– Respecto de productos industriales, la UE ofrece la liberalización completa e inmediata de aranceles para el 80% de las exportaciones del Mercosur.

– El Mercosur tiene hasta 15 años de plazo para liberalizar el comercio en algunos sectores sensibles.

– Se eliminan las barreras no arancelarias y se establecen mecanismos de faciltación de exportaciones.

– En el sector servicios, los prestadores de servicios de la UE y del Mercosur podrán acceder al mercado de la contraparte en las mismas condiciones que los nacionales.

Para los dirigentes de sectores industriales y para el sindicalismo argentino, no son beneficios sino de altísimo riesgo para las empresas argentinas de perder posiciones frente a la competencia europea, con escasa o nula posibilidad de acceder a los mercados europeos a cambio.

¿Dos acuerdos?

Hasta aquí, algunos puntos del supuesto acuerdo alcanzado entre el Mercosur y la UE que ha dejado trascender Cancillería Argentina a través de sus voceros hegemónicos.

Hete aquí que los documentos europeos, en tanto, reflejaron un acuerdo marcando justamente lo contrario, señalan además aspectos fuera del comercio de bienes sobre los que la Cancillería argentina no ha informado. De ese modo, en Europa destacan:

* El acuerdo UE-Mercosur eliminará la mayor parte de los aranceles a las exportaciones europeas al mercado suramericano y hará a las empresas comunitarias más competitivas al ahorrarles 4.000 millones de euros en derechos de aduanas al año.

* Abrirá nuevas oportunidades en el Mercosur para las empresas europeas que participan en licitaciones públicas de los gobiernos o que proveen servicios informáticos, de telecomunicaciones o transportes, entre otros.

Pero además, no está claro cuál será el balance neto de inversiones extranjeras como resultado del acuerdo. El gobierno argentino, por ejemplo, confía en que la apertura a la participación de empresas europeas en las compras públicas, la libre circulación de flotas de ese origen por las vías fluviales internas y en la oferta de servicios, promoverá la instalación de firmas del viejo continente en el Mercosur.

Algunos especialistas sugieren, sin embargo, tomar en cuenta el número de empresas extranjeras que levantarían sus filiales en el país cuando consideren que les será más conveniente proveer a los mercados locales desde el exterior. Se señala que eso es lo que sucederá, por ejemplo, en varias firmas del complejo automotor.

RedCom